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Ogros: Quinta entrega

PROPUESTAS PARA EL DOCENTE

  • Compartir con sus alumnos el texto de “Pulgarcito”, que lo lean en sus casas las veces que sea necesario, para  luego compartir con sus compañeros y docente.
     En medio de un bosque vivían un leñador y una leñadora muy pobres, con sus siete hijos. El más chico, que no era más grande que el dedo pulgar, se llamaba Pulgarcito. Lo creían tonto porque tenía siete años y hablaba poco. Pero no era así. Corrían épocas de hambruna. Una noche, escondido en un jarrón, Pulgarcito oyó a sus padres decir que pensaban dejarlos solos para que buscaran su suerte, porque ya no les quedaba comida.
  Al otro día los abandonaron en el bosque, sin contar con la astucia del más pequeño. Pulgarcito había buscado piedras del río y las había ido arrojando a medida que avanzaban. Les pidió a sus hermanos que lo ayuden a juntarlas y pronto estuvieron de regreso.
   Pero la segunda vez no les fue tan bien: en el río no quedaban piedras. Así que Pulgarcito robó el último pedazo de queso que quedaba en la despensa, y fue arrojando trocitos por el camino.
   Pero para cuando el sol se ocultó y quisieron seguir la huella, vieron que los ratones se los había comido.
   El bosque era un pozo oscuro y se oía aullar a los lobos; los siete hermanitos sintieron mucho miedo. Pulgarcito divisó una luz y después de mucho caminar llegaron a una casa. El pequeño pidió pasar la noche pero la mujer que atendió la puerta dijo:
-Es que aquí vive un ogro que se come a los niños.
– Si no entramos nos comerán los lobos – replicó Pulgarcito.
   La mujer del ogro los hizo pasar y los escondió debajo de la cama. Pronto llegó el ogro y se puso a olfatear.
– ¡Aquí huele a carne humana! – gritó.
– Es el cordero que estoy asando- dijo su esposa.
Pero el ogro no le creyó, y se puso a buscar hasta encontrarlos. Los sacó a los siete, uno tras otro. Los niños le pedían misericordia. Pero era el más cruel de los ogros y preparó su cuchillo para degollarlos.
-Mejor déjalos para mañana – rogó su mujer-. Hay demasiada comida.
 -Cállate – bramó él.      
– Además del cordero hay un cerdo y cinco gallinas – insistió ella.
-Está bien- dijo el ogro -.
   Pero mañana los harás en guiso. El ogro tenía siete hijas ogresas, de ojos redondos y unos afilados dientes muy separados. Las habían acostado temprano en una gran cama, cada una con una corona de oro en la cabeza. En el mismo cuarto había otra cama, y en ella pusieron a dormir a los siete niños, cada uno con su gorro.
   Pulgarcito, temiendo que el ogro se arrepintiera de no haberlos degollado, se levantó, puso los gorritos a las niñas, les quitó las coronas de oro y las puso en sus cabezas. Al rato entró el ogro con su cuchillo y tanteó en la oscuridad. Al comprobar que sobre la almohada estaban las coronas, pensó que en esa cama estaban sus hijas, así que fue hacia la otra, y cortó las siete cabezas con gorritos. Después regresó a acostarse.
   Apenas Pulgarcito oyó los ronquidos, despertó a sus hermanos y escaparon.
   A la mañana, cuando el ogro fue a buscarlos, vio que había cortado las cabezas de sus hijas y se puso a gritar:
-¡Ay, qué hice!¡ Me la pagarán estos desgraciados! Y se puso las botas de siete leguas para alcanzarlos más rápido.    Pulgarcito y sus hermanos corrieron toda la noche y cuando vieron venir al ogro se ocultaron dentro de una cueva.
   El ogro, agotado, se sentó a descansar a la sombra de las rocas y se durmió.
   Pulgarcito con mucho cuidado, le quitó las botas y se las calzó. Y estas, mágicamente, se ajustaron a sus pies. En minutos llegó a la casa del ogro y cargó todas las monedas que pudo.
   Cuando regresó a buscar a sus hermanos, el ogro había despertado y se abalanzó sobre él.
   Pero el pequeño dio un salto con las maravillosas botas y el gigantón cayó por un precipicio.
   Pulgarcito y sus hermanos regresaron con sus padres y nunca más pasaron hambre. Pero conservó las botas de siete leguas para recorrer el mundo, cada vez que quiso.                                                                                       
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“Pulgarcito”. Versión de Alicia Barberis                
  • Conversar sobre lo que ocurre con los personajes de este cuento (el docente guía el momento de intercambio y agrega detalles direccionales durante la clase). Ej: La secuencia habla de ogro,  por lo tanto las preguntas tienen que ser direccionadas hacia el tema que nos convoca. ¿Quién aparece cuando los niños están en la casa?

PROPUESTAS PARA LOS ALUMNOS

  • Recrear con material descartable al Ogro tal cual lo imagina cada uno. (Este trabajo se podrá realizar con distintos materiales con la intención de armar una galería de Ogros en el aula o algún espacio compartido con el resto de la escuela).
  • Escribir la lista de los materiales utilizados para crear el ogro y describir cada uno de los pasos realizados. (Texto instructivo).

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